martes, 7 de abril de 2020

No son los genes ni las raíces,
lo que hace que dos almas
(no tan gemelas) se hagan complices.

Entiende sus miedos
y sabe de sus penas
y ahí estás siempre,
para cualquier cosa, a boca llena.

Como ella, pocos la conocen,
y por ello podríamos decir,
que es el cariño el que hace el roce.

Un año entre ellas es la diferencia.
pero eso nunca importó,
porque han visto juntas Venecia.

La plaza de San Marcos,
los puentes y las góndolas,
los caminos que se hacen largos
con una maleta en brazos.

Y de los bonitos canales,
a un inmenso David,
que posa desnudo y sin males.

Para todos los florentinos,
visitantes y paseantes
que con ritmo y atino
se dejan por allí ver.

De aquí a Roma,
y no hay más que hablar.
Porque demasiado hay por decir
alagando esta ciudad.

No es el Vaticano, ni el coliseo.
Nada tiene que ver la Fontana
con que yo a ti te quiera como a una hermana.

Es más que un apellido.
Es más que sangre
lo que ellas comparten.
Es haber salido juntas del nido.

Münster nos unió para siempre.
De esta no nos separa ni un ERTE.

Alemania siempre estará en nuestro corazón.
Porque un poco rojas si somos.
de negro nos gusta vestir
y el amarillo nos dio la buena suerte
para juntas poder vivir.

Y con esto y un besito en la frente,
me despido y deseo
pronto volver a verte.




domingo, 19 de octubre de 2014

Perdida.

Te lo tengo que decir. Que tu esencia no es agradable, sino adictiva. Que ese olor que tiene siempre tu piel no hace más que mejorar después del sexo, adherido a tu piel como la mejor fragancia natural. Que verte dormir tan relajado a mi lado no es más que otro de los placeres de hacer el amor. Que el hecho de que te avergüences por que te mire mientras duermes es un gesto infantil, que no encaja con esa barba de una semana, pero que te hace increíblemente adorable. Y esa barba, vale no me gustaban, pero te lo tengo que decir, que estás buenísimo con ese principio de barbita, que ya ella sola puede hacer que se carbonicen mis braguitas, y por favor no me mires a los ojos que me termino de derretir.

Y te tengo que decir que te he mirado y no he visto al Manu de siempre, porque te he visto más guapo si cabe. Porque has cambiado, o porque he cambiado yo, y algo grande ha cambiado entre nosotros.
Que te quiero Manu, que me tienes perdida. Perdidamente enamorada.

miércoles, 8 de octubre de 2014

Como la vida misma

He de decir que no tengo muchos vicios, pero como todo el mundo, algún otro tengo.
Personalmente, no veo el mio como uno de los más peligrosos para la salud mental del adicto, o si.. Porque leer es una gran adicción que muchos sufrimos, colgarte de un libro hasta tal punto que engulles las páginas, cuando lo único que puedes hacer es seguir leyendo página tras página, hasta que sin darte cuenta llegas al epílogo y te preguntas a ti misma : ¿ya?
Y esto pasa una y otra vez, enganchandote a buenos libros que lo que hacen es dejarte con ganas de más. Entonces otro nuevo, aún mejor, todavía más interesante.

domingo, 14 de septiembre de 2014

Distancia.

Como nos haces sufrir. Te abres como de piernas una puta, siempre con respeto a las putas.
A cuántos dejas en la estacada esperando algo que nunca llega. Tantos que te odian pero ninguno es capaz de enfrentarse a ti. Todos muy valientes, pero realmente ninguno te planta cara.
Muy bonito, lo damos todo por la persona que está al otro lado, sí, pero siempre desde nuestra fachada. Porque es demasiado difícil cruzar el charco, cuidado no te vayas a mojar.
Y realmente, somos perro ladrador pero poco mordedor, mucho de puta distancia que nos separa, pero siempre queremos que sea el otro quien de el paso.

Todo pasa factura.

Tanto tiempo juntos para ahora no dejar de pensar en ello. Recuerdos que vuelven solo con dar un paso: un beso, una caricia, una palabra. Cualquier instante que  vuelve para aumentar el anhelo y el deseo de reencontrarnos.
Siento los labios cargados, hinchados por las marcas de tus dientes. Tengo tus dedos marcados a fuego en cada uno de los rincones que me has tocado, muy dentro de mi. Tus labios en mi piel con esos besos dulces que me das. Y en en mi oreja cada una de tus palabras, de esos secretos que ocultamos al mundo, un tengo ganas de ti, un yo te comía aquí mismo, un venga a qué esperas, un mejor nada de espectáculos, y luego tu risa. Es una tortura el recordarla y no erscucharla, y es una tortura no tener tus pestañas a milímetros con mi reflejo en tus ojazos de café. Pero es un placer tener la seguridad de volver a verte, volver a besarte y volver a acariciarte. Saber que cuando te tenga delante volveré a estar loca por ti si me dices te quiero. Y por todo esto no me importa pensar y recordar, porque tenerte lejos me mantiene tan viva como tenerte cerca.