domingo, 14 de septiembre de 2014

Distancia.

Como nos haces sufrir. Te abres como de piernas una puta, siempre con respeto a las putas.
A cuántos dejas en la estacada esperando algo que nunca llega. Tantos que te odian pero ninguno es capaz de enfrentarse a ti. Todos muy valientes, pero realmente ninguno te planta cara.
Muy bonito, lo damos todo por la persona que está al otro lado, sí, pero siempre desde nuestra fachada. Porque es demasiado difícil cruzar el charco, cuidado no te vayas a mojar.
Y realmente, somos perro ladrador pero poco mordedor, mucho de puta distancia que nos separa, pero siempre queremos que sea el otro quien de el paso.

Todo pasa factura.

Tanto tiempo juntos para ahora no dejar de pensar en ello. Recuerdos que vuelven solo con dar un paso: un beso, una caricia, una palabra. Cualquier instante que  vuelve para aumentar el anhelo y el deseo de reencontrarnos.
Siento los labios cargados, hinchados por las marcas de tus dientes. Tengo tus dedos marcados a fuego en cada uno de los rincones que me has tocado, muy dentro de mi. Tus labios en mi piel con esos besos dulces que me das. Y en en mi oreja cada una de tus palabras, de esos secretos que ocultamos al mundo, un tengo ganas de ti, un yo te comía aquí mismo, un venga a qué esperas, un mejor nada de espectáculos, y luego tu risa. Es una tortura el recordarla y no erscucharla, y es una tortura no tener tus pestañas a milímetros con mi reflejo en tus ojazos de café. Pero es un placer tener la seguridad de volver a verte, volver a besarte y volver a acariciarte. Saber que cuando te tenga delante volveré a estar loca por ti si me dices te quiero. Y por todo esto no me importa pensar y recordar, porque tenerte lejos me mantiene tan viva como tenerte cerca.